martes, 24 de marzo de 2026

Salud mental en adolescentes: ¿cómo identificar y tratar los trastornos mentales?

Sin importar el contexto o el lugar, la salud mental en los adolescentes es un tema que cada vez recibe mayor atención por parte de la sociedad. En los últimos años, los casos de adolescentes que enfrentan problemas como depresión y ansiedad han aumentado de forma considerable, alcanzando niveles que generan una preocupación creciente.

En este artículo queremos explicarte por qué es tan importante hablar de salud mental en la adolescencia y cuáles son los principales factores de riesgo que pueden afectar el equilibrio emocional y psicológico de los jóvenes. Al terminar de leer, tendrás una visión más clara sobre el tema y contarás con mejores herramientas para apoyar las necesidades de salud mental de los adolescentes dentro de tu entorno familiar.

Es fundamental abordar la salud mental durante la adolescencia porque se trata de una etapa en la que los jóvenes atraviesan cambios biológicos, cognitivos y emocionales que pueden resultar complejos. Si estos procesos no se atienden de manera adecuada, podrían derivar en dificultades que se prolonguen a largo plazo.

De acuerdo con el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, al menos el 49,5% de los adolescentes ha experimentado algún problema de salud mental en algún momento de su vida. Este dato es importante porque evidencia que los trastornos emocionales y psicológicos en esta etapa son mucho más frecuentes de lo que muchas personas imaginan.

Hablar abiertamente sobre salud mental en la adolescencia puede ayudar a prevenir el desarrollo de trastornos crónicos, brindar a los jóvenes herramientas para afrontar situaciones difíciles y reducir el estigma que aún rodea a las enfermedades mentales. De esta manera, los adolescentes pueden sentirse más cómodos y seguros al momento de pedir ayuda si la necesitan.

Factores de riesgo para la salud mental de los adolescentes

Los factores de riesgo que afectan la salud mental de los adolescentes son diversos y pueden originarse tanto en el entorno familiar como en el ámbito social. Identificarlos permite entender mejor qué puede haber detrás de trastornos como la depresión o la ansiedad, además de facilitar la implementación de medidas preventivas y de acompañamiento.

Actuar a tiempo puede ser determinante para mantener estos factores bajo control y reducir el impacto que podrían tener en el bienestar emocional de los jóvenes. Por ello, es clave desestigmatizar los trastornos mentales, conocerlos con mayor profundidad y adquirir herramientas que permitan acompañar a quienes podrían estar atravesando una o varias de estas dificultades.

Factores familiares y sociales

Un artículo publicado por la National Library of Medicine señala que uno de los principales factores de riesgo para la salud mental en adolescentes está relacionado con el entorno familiar y con las dificultades que pueden presentarse dentro de él. Esto no significa que todos los jóvenes expuestos a situaciones estresantes o traumáticas desarrollen un trastorno mental, pero sí puede generar una mayor vulnerabilidad o predisposición.

Nos referimos, en particular, a situaciones como:

  • Abuso.
  • Negligencia.
  • Conflictos constantes.
  • Estrés crónico dentro del hogar.

Este tipo de dinámicas pueden provocar emociones intensas como tristeza, ansiedad o enojo. En otras palabras, el ambiente familiar puede convertirse en un detonante de problemas de salud mental, especialmente cuando existe poca comunicación y los adolescentes no perciben su entorno como un espacio seguro.

Sin embargo, este riesgo no se limita únicamente al núcleo familiar. También se extiende a las relaciones sociales en general. La presión social negativa puede favorecer conductas perjudiciales y afectar de manera importante el bienestar físico y emocional de los adolescentes.

Experiencias traumáticas

Las experiencias traumáticas son uno de los factores que más influyen en la salud mental y en el equilibrio emocional de los adolescentes. Dentro de este grupo se incluye una gran variedad de situaciones, que pueden ir desde experiencias personales, como la pérdida de un ser querido, hasta eventos colectivos, como un desastre natural.

Cuando un adolescente vive un evento traumático, puede sentirse desorientado, emocionalmente sobrepasado o con dificultad para procesar lo ocurrido. Además, es posible que presente:

  • Cambios en su comportamiento.
  • Problemas académicos.
  • Dificultades para relacionarse con otras personas.

Para entender mejor el impacto de estas experiencias, basta con revisar los datos del Substance Abuse and Mental Health Services Administration, que indican que en Estados Unidos

  • Al menos el 38% de los jóvenes de entre 12 y 17 años ha presenciado hechos violentos.
  • El 17% ha sufrido agresiones físicas.
  • El 8% ha estado expuesto a agresiones sexuales.

Estas cifras reflejan la magnitud de las experiencias traumáticas que enfrentan muchos adolescentes y ayudan a comprender por qué están estrechamente relacionadas con los problemas de salud mental.

Aislamiento social y problemas de comunicación

Los adolescentes que atraviesan situaciones de aislamiento social pueden desarrollar sentimientos de soledad, depresión y ansiedad. Un artículo titulado Social isolation and its impact on child and adolescent development: a systematic review destaca que el aislamiento eleva los niveles de cortisol, afecta el desarrollo cognitivo e impacta negativamente la salud mental de niños y adolescentes.

Además, este problema suele intensificarse cuando los jóvenes tienen dificultades para comunicarse dentro de su entorno familiar o social. En estos casos, pueden llegar a sentir que nadie los entiende o que no cuentan con una red de apoyo real.

Cuando no existe un espacio seguro para expresar preocupaciones, emociones o conflictos personales, el ciclo de aislamiento puede prolongarse y volverse cada vez más difícil de romper.

¿Cómo identificar problemas de salud mental en los adolescentes?

Los adultos que forman parte del entorno cercano de un adolescente deben aprender a reconocer las señales que indican que algo no está bien. Detectar a tiempo los problemas de salud mental en adolescentes permite actuar con mayor rapidez y brindar el apoyo necesario para enfrentar cualquier situación que estén viviendo.

Estas son algunas de las señales de alerta que el National Institute of Mental Health recomienda observar:

  • La persona se muestra irritable la mayor parte del tiempo.
  • Habla constantemente sobre sus miedos o preocupaciones.
  • Duerme demasiado o muy poco y parece tener sueño durante el día.
  • Presenta dificultades académicas o una disminución en sus calificaciones.
  • Ha perdido el interés por actividades que antes disfrutaba.

Estas son solo algunas de las señales más frecuentes. Dependiendo de la gravedad del problema, también pueden aparecer conductas relacionadas con:

  • Consumo de alcohol o drogas.
  • Conductas autodestructivas.
  • Aislamiento extremo.
  • Cambios bruscos de ánimo.
  • Trastornos mentales más comunes en adolescentes.

Los trastornos mentales en adolescentes pueden afectar seriamente su calidad de vida e incluso poner en riesgo su integridad física y emocional. Conocer cuáles son los más frecuentes y aprender a identificar sus síntomas permite intervenir de forma más oportuna y desde una base informada.

Es importante recordar que, en muchos casos, los adolescentes no expresan lo que están viviendo y tampoco siempre buscan la ayuda que necesitan. Esto puede deberse a varios factores, como:

  • Falta de información.
  • Estigma alrededor de los trastornos mentales.
  • Dificultades propias de esta etapa para comunicarse de forma abierta.
  • Joven preocupado caminando en el parque.
  • Depresión.

La depresión es uno de los problemas de salud mental más frecuentes entre adolescentes a nivel mundial. Tan solo en Estados Unidos, se reportaron más de 2,7 millones de casos de depresión en adolescentes, según datos del Centers for Disease Control and Prevention (CDC).

Además, tres de cada cuatro adolescentes que enfrentan depresión también presentan otros problemas de salud mental, como la ansiedad. Esto demuestra que muchos trastornos no aparecen de forma aislada, sino que pueden coexistir y reforzarse entre sí.

Los factores que pueden desencadenar depresión en los jóvenes incluyen causas:

  • Genéticas
  • Ambientales
  • Psicológicas

Por ello, es fundamental acudir a un especialista en cuanto se detecten señales de alerta, sin restar importancia a la gravedad del problema.

Ansiedad

El mismo estudio del CDC también destaca que los problemas de salud mental en adolescentes han aumentado de forma importante en los últimos años. De hecho, las estadísticas muestran que el 36,7% de los adolescentes en Estados Unidos experimenta sentimientos persistentes de tristeza y desesperanza.

Es importante subrayar que la salud mental en esta etapa puede ser especialmente vulnerable, y trastornos como la ansiedad pueden limitar de forma considerable la capacidad de los jóvenes para:

  • Participar en actividades cotidianas.
  • Socializar con sus compañeros.
  • Construir vínculos saludables.
  • Sentirse comprendidos y valorados.

Trastornos alimentarios

Los trastornos mentales en la adolescencia pueden manifestarse de distintas maneras, pero cuando se trata de trastornos alimentarios, suele ser más sencillo detectar ciertos patrones que pueden alertar a familiares y personas cercanas sobre la presencia de un problema.

Entre los trastornos alimentarios más comunes se encuentran:

  • Anorexia.
  • Bulimia nerviosa.
  • Trastorno por atracón.

Estas condiciones no solo afectan la salud física, sino que también tienen un impacto profundo en la salud mental. En muchos casos, están relacionadas con la forma en que el adolescente percibe su imagen corporal y pueden ser la manifestación de conflictos emocionales más complejos.

El consumo de drogas en México aumentó del 10,3% al 14,4% en nueve años

La Secretaría de Salud dio a conocer nuevos resultados de una encuesta que dejó de levantarse durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador y que ahora confirma un incremento en el consumo de sustancias como marihuana, cocaína y drogas sintéticas.

México ha dejado atrás la idea de ser únicamente un país de tránsito para las drogas y ha reconocido, con datos actualizados, que también enfrenta un problema creciente de consumo. Después de nueve años sin una medición nacional rigurosa sobre adicciones, la Secretaría de Salud presentó este martes los resultados de la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT) 2025, la cual advierte un aumento en la proporción de personas adultas que han consumido sustancias psicoactivas alguna vez en la vida. No obstante, el estudio también muestra una ligera disminución en este indicador entre la población joven.

La ENCODAT es considerada una herramienta clave para el diseño de políticas públicas en materia de salud y adicciones. México la había aplicado de forma constante entre 1993 y 2016, pero su continuidad se interrumpió en 2022, cuando el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador la canceló dentro de su política de austeridad. Aunque entre 2023 y 2024 se difundió otro ejercicio de medición, la propia Secretaría de Salud lo descartó por no contar con el rigor metodológico necesario, mientras que especialistas criticaron que la política de drogas se hubiera desarrollado sin información sólida y actualizada.

Por ello, la edición 2025 de la encuesta toma como punto de comparación los datos de 2016 y, nueve años después, busca ofrecer cifras actualizadas que permitan diseñar estrategias más efectivas de prevención, atención y tratamiento del consumo de sustancias psicoactivas. Su importancia radica en que cubre vacíos de información frente a nuevas dinámicas, como la aparición de drogas emergentes, nuevos productos y el aumento de los problemas asociados al consumo.

La prevalencia del consumo de drogas ilegales en la población general también mostró un aumento, al pasar de 9,9% en 2016 a 13,1% en 2025. Dentro de este grupo, el cannabis se mantiene como la sustancia ilegal de mayor consumo, al subir de 8,6% a 12%. Asimismo, el uso de cocaína, anfetaminas y otras drogas ilegales también presenta una tendencia al alza.

A pesar de este panorama, la encuesta también reporta un dato positivo: entre la población adolescente se observa una disminución en el consumo. En jóvenes, el consumo de cualquier droga alguna vez en la vida bajó de 6,4% en 2016 a 4,7% en 2025, mientras que la prevalencia de drogas ilegales pasó de 6,2% a 4,1% en el mismo periodo. Esto sugiere que las campañas de prevención dirigidas a este sector podrían estar generando efectos favorables.

Durante la presentación de la encuesta, la presidenta Claudia Sheinbaum destacó el bajo nivel de consumo no médico de fentanilo entre la población general, especialmente entre jóvenes. El informe reporta una prevalencia de 0,2% alguna vez en la vida y de 0,1% en el último año. Además, se señala que el uso de esta sustancia solo se registró en personas mayores de 18 años, sin reportes en adolescentes de 12 a 17 años.

La encuesta también muestra que la edad promedio de inicio en el consumo de cualquier droga ilegal y cannabis aumentó de 17 años en 2016 a 19 años en 2025, lo que representa un cambio relevante en el patrón de inicio del consumo.

Según explicó la mandataria, las campañas preventivas iniciadas desde el gobierno anterior han tenido buenos resultados, particularmente en el tema del fentanilo. Señaló que estas acciones no se han limitado a spots publicitarios, sino que también se han implementado dentro de las escuelas, con la participación de docentes, madres, padres de familia y comunidades educativas.

Sin embargo, ahora la atención se enfocará en las metanfetaminas, debido a que la encuesta revela un incremento en el consumo de estimulantes tipo anfetamínico, que pasó de 0,9% a 1,6% entre 2016 y 2025 en la población de 18 a 65 años. Por su parte, el consumo de opioides subió de 0,1% a 1,4%, y la Secretaría de Salud ha señalado que este aumento podría estar vinculado al uso de Tramadol, un analgésico cuya venta recientemente comenzó a regularse con mayor control, ya que antes podía conseguirse sin receta médica.

Alcohol y tabaco

En el caso del alcohol, el consumo también presentó un incremento moderado. En 2016, el 71% de la población de 12 a 65 años reportó haberlo consumido alguna vez, mientras que en 2025 la cifra subió a 73,7%.

Por género, el consumo en hombres prácticamente se mantuvo en 78,5%, pero en mujeres aumentó de 62,6% en 2016 a 69,3% en 2025. En contraste, entre adolescentes la prevalencia de consumo de alcohol descendió de 39,8% a 33,9%, lo que refleja una tendencia distinta a la observada en adultos.

La misma dinámica se observa en el consumo de alcohol en el último año: en la población general de 12 a 65 años disminuyó de 49,1% a 46,1% entre 2016 y 2025. Sin embargo, entre las mujeres adultas de 18 a 65 años, el indicador aumentó de 41,3% a 43,3%, lo que apunta a un cambio importante en los hábitos de consumo dentro de este grupo.

Respecto a la edad de inicio, la encuesta señala que entre los adolescentes de 12 a 17 años el primer consumo de alcohol ocurre, en promedio, a los 13,6 años, mientras que entre adultos jóvenes de 18 a 29 años el inicio se ubica alrededor de los 17 años.

En cuanto al tabaco, la Secretaría de Salud reporta una disminución en el consumo de cigarrillos tradicionales, que pasó de 17,6% a 15,1% entre 2016 y 2025. No obstante, al mismo tiempo se observa un aumento en el uso de cigarrillos electrónicos, cuya prevalencia creció de 1,1% a 2,6% en la población de 12 a 65 años.

Salud mental

El secretario de Salud, David Kershenobich, informó que la ENCODAT 2025 incorporó un apartado específico sobre salud mental, cuyos resultados muestran que la población adolescente presenta mayores niveles de afectación en cuatro áreas:

  • Malestar psicológico.
  • Comportamiento suicida.
  • Violencia.
  • Participación en apuestas y uso de videojuegos.

Estos hallazgos colocan a las y los adolescentes como uno de los grupos más vulnerables en términos de bienestar emocional y conductas de riesgo.

Uno de los datos que más preocupa a las autoridades es la mayor prevalencia de comportamiento suicida entre jóvenes frente a adultos.

En la etapa de ideación suicida, es decir, cuando aparece por primera vez el pensamiento, la prevalencia es de:

  • 1,7% en adultos
  • 3,3% en adolescentes

En la fase de planificación:

  • 1% en adultos
  • 1,9% en adolescentes

Y en el intento suicida:

  • 0,5% en adultos
  • 1,5% en jóvenes

Estas cifras reflejan una diferencia preocupante y refuerzan la necesidad de intervenir de forma temprana en la población adolescente.

Ante este panorama, el secretario de Salud advirtió que la evidencia es clara: la población de 12 a 17 años concentra hoy las mayores vulnerabilidades. Por ello, señaló que las estrategias de salud pública deben priorizar la prevención del suicidio, la violencia y el malestar psicológico, especialmente dentro de este grupo etario.

Los resultados de la ENCODAT 2025 confirman que México enfrenta un escenario más complejo en materia de consumo de sustancias que hace nueve años. Aunque el incremento se concentra principalmente en la población adulta y se observan señales alentadoras entre adolescentes, el aumento en el uso de marihuana, cocaína, metanfetaminas y opioides evidencia la necesidad de reforzar las políticas públicas con base en datos actualizados y metodológicamente sólidos. Además, el vínculo entre adicciones y salud mental, particularmente en jóvenes, deja claro que el desafío no solo es sanitario, sino también social y preventivo. En este contexto, contar con información confiable será fundamental para diseñar estrategias más efectivas de atención, prevención y acompañamiento.